lunes, 7 de agosto de 2017

ene

Tengo la manía de que me quieran a destiempo, de necesitar cariños a lametones por el cuerpo justo cuando el gato les ha comido la lengua, de gritar un te quiero haciendo muecas de quejido, de besar cuando me despido. De necesitar un abrazo cuando me muero de calor y rechazar sus brazos cuando tiemblo de frío. Y es que he aprendido que no sirve de nada huir si me sigo poniendo la zancadilla, si vuelvo a esconderme entre sus costillas y me envuelven sus caricias antes de echar a correr, otra vez. Confieso que me niego a repetir la historia para acabar abrasada, renacer para quemarme, y volver a morir para, de nuevo, revivir por ti. Así que hazme ceniza antes de que me acostumbre a tus latidos, los vuelva míos y no puedas arrancarme el corazón nunca más. 

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